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Voto rural crucial



(La Razón. Yuri Tórrez).- En las observaciones de los comportamientos electorales, y también de las encuestas, los resultados del área rural casi siempre han sido desdeñados. Muchas veces, la lectura de los analistas políticos se reduce al voto urbano, generalizando una determinada tendencia electoral. En un país tan diverso y abigarrado como Bolivia, tales generalizaciones adolecen —o pecan— de un prejuicio analítico.

Así, el grueso de los análisis del referéndum del 21 de febrero de 2016, para aprobar o rechazar una reforma constitucional que permita una nueva repostulación de los mandatarios, se ofuscaron con la pírrica victoria de la opción del No y sus efectos políticos, sin percatarse que el 49% votó por la opción del Sí. Detrás de esta votación, que representa la mitad de los electores, se erige un “voto de fidelidad” al proyecto político enarbolado por el oficialismo.

Ese voto provino principalmente de las áreas rurales. Es el “voto duro” a favor del presidente Evo Morales y su partido. No debemos olvidar que el Movimiento Al Socialismo (MAS) es el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP). O sea, es la expresión de ese sujeto “nacional-popular”, como dice el politólogo Fernando García Yapur, de base campesina e indígena “que —a pesar de una década en el poder— no logró culminar su llegada al Estado, ni asentar institucionalmente su impronta hegemónica”.

Una de las razones para entender la fidelidad electoral del área rural a favor del MAS es el despliegue del partido gobernante en el campo, que se da a través de los dispositivos mediáticos disponibles tradicionales, hoy desdeñados por los analistas preocupados por los efectos políticos de las redes sociales en las ciudades: la radio, la comunicación cara a cara o mediatizada por una red conformada por organizaciones de base sindical campesina/indígena. La cual opera como una telaraña comunicacional con efectos políticos/electorales innegables; sin reforzar la idea paternalista de que las bases se proyectan en el líder, sino a la inversa: el líder, a pesar de sus desaciertos y un relativo desgaste político, sigue expresándose simbólica y políticamente en sus bases.  

Por ello, no sorprende los resultados de una reciente encuesta electoral difundida por La Razón muestra que en las áreas rurales y en las ciudades intermedias la intención del voto a favor de Evo Morales supera el 50%, frente al 16% del otro candidato presidencial con mayor arrastre, Carlos Mesa. Mientras tanto, en las áreas urbanas hay prácticamente un “empate técnico” entre Carlos Mesa y Evo Morales.

El 70% del padrón electoral se asienta en las áreas urbanas y el 30% restante en el área rural. Ahora bien, en un contexto marcado por una votación dividida en las urbes más pobladas, la votación de las ciudades intermedias y de las poblaciones rurales puede ser decisiva no solo para dirimir los guarismos electorales, sino también, y aquí esta cuestión central, puede ser determinante para alcanzar la diferencia electoral necesaria para esquivar la segunda vuelta electoral.

Las miradas obsesivas por la influencia electoral de las redes sociales, insisto, no dan cuentan de que en sociedades complejas el voto, sobre todo rural, se define por otros factores independientes del marketing electoral. Quizás por estas razones sea necesario entrever otros factores sociológicos que subyacen detrás del voto rural.