APCBOLIVIA | El 21F, fraude mediático, ilegalidad e ilegitimidad

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El 21F, fraude mediático, ilegalidad e ilegitimidad



(La Época).- Es eslogan único de la oposición en la disputa política con el gobierno es su pedido de respeto al resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando por un muy estrecho margen se impuso el rechazo al pedido de reforma constitucional del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para habilitar a Evo Morales y Álvaro García Linera para las elecciones de octubre de este año.

Aparte de ese eslogan, no hay otro. La oposición no ha logrado articulado ni construir una propuesta alternativa a todo lo que el gobierno del Proceso de Cambio viene haciendo desde enero de 2006 y que va en dirección opuesta a las dos décadas de neoliberalismo. La derecha no tiene propuesta que no sea reeditar lo que hizo entre 1985-2005.

Sobre su consigna o eslogan habrá que decir que nace de una mentira, de un fake news muy bien elaborado y que no hay que ser demasiado conocedores de la historia de América Latina como para asegurar que detrás de ese hecho estuvo un asesoramiento de alta calidad de parte de expeertos extranjeros que dominan las técnicas de lo que ahora se llama Guerra de Cuarta Generación. Se inventó una “noticia” para producir un determinado resultado y una vez logrado, desde la misma fuente —un colaborador de los servicios de inteligencia estadounidenses que funge como periodista— se dijo que evidentemente no había sido cierto.

Entonces, surge la pregunta ¿es legal y legítimo ese resultado con el medio empleado por la oposición?

La respuesta es simple: no es ni legítimo ni legal. Se ignora las razones por las cuales el gobierno y el MAS no impugnaron el resultado del referéndum. La democracia son reglas de juego que deben ser asumidas por todos, entre ellas el no recurrir al fraude, al engaño ni a falsedad de ninguna naturaleza. Cualquiera de estos medios que se empleen vician de nulidad el resultado y debería ser suficiente para declarar de nulidad de ese acto electoral.

Pero no se lo hizo y el debate desde aquel 21 de febrero hasta ahora ha girado en torno al alcance de ese resultado. El gobierno y el MAS lo que hicieron es recurrir a un resquicio legal que otorga la CPE y su concordancia con la Convención Americana para lograr que el binomio Evo-Álvaro estén habilitados. De eso se ha debatido mucho hasta el cansancio.

Lo que queremos desde La Época es señalar que el resultado del referéndum no es legal ni legítimo. Ese resultado no puede ser validado porque es producto de un “Fraude mediático”. Y nada que esté basado en un fraude merece ser tomado en cuenta. De eso se han dado cuenta un sector de los que siempre votaban por Evo y que en febrero de 2016 no lo hicieron. Ya es tarde para anular legalmente ese resultado, pero no es tarde para denunciar su ilegalidad e ilegitimidad.

El engaño, entonces, no es del gobierno. La falta de respeto ético, moral y electoral es de parte de una oposición que, con esa arma, empleada por vez primera de manera sistemática en la democracia boliviana, quiso construir una relación de fuerzas favorable para sus intereses políticos y económicos estratégicos.

No es que la democracia burguesa no esté llena de mentiras y engaños, como de los que se dicen en la campaña electoral al prometer a la gente cosas que luego, en función de gobierno, no solo que se incumplen, sino que van radicalmente en contra de todo lo que se dijo. Sí, la democracia burguesa y la práctica política de la derecha está plagada de engaños, mentiras y manipulaciones. Y lo que hizo la oposición, asesorada por expertos norteamericanos, es precisamente engañar impunemente a la gente.