APCBOLIVIA | Diagnóstico sobre la Declaración de los Derechos Campesinos

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Diagnóstico sobre la Declaración de los Derechos Campesinos



(Prensa Rural. Sebastian Moro). – Adalberto Ticona, Secretario de la Agenda Patriótica de la Comisión Política de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, fue consultado por el impacto que para el movimiento campesino y el futuro del país tiene la Declaración de los Derechos Campesinos adoptada hace unas semanas por Naciones Unidas, luego de años de construcción colectiva de parte de representantes agrarios de todo el planeta y el impulso programático de políticas de cooperación como las del propio Estado Plurinacional.

Así, consideró que “estas declaraciones tienen cada vez más eco y, obviamente, nosotros como CSUTCB convocamos a que el mundo se sume a estos grandes retos. A diferencia de otros países, este proceso civilizatorio que se está imprimiendo en Bolivia responde a una constitución orientada en ese sentido. Pero en el resto de la región, todo lo que es derechos reivindicativos y desarrollo humano de los campesinos está muy debilitado, porque sus órganos de Poder Ejecutivo y Legislativo están manejados por el pensamiento e intereses de unos cuantos. La oligarquía mundial es la que lo monitorea”.

Por eso entiende que “el apoyo de numerosos países no es suficiente, no alcanzan ni las buena intenciones ni las palabras bonitas. Hay que trabajar la declaración desde la base social de cada país y con experiencias interactivas, correlacionando con su Constitución Política del Estado. Vale decir, o se impulsan reformas o se trabaja en nuevas constituciones. África nos ha mostrado cómo todo un continente, toda su realidad, ha sido saqueada, lamentablemente, en todos su recursos naturales. Y sólo queda la pobreza, sin respuesta alguna de los gobernantes”.

Sin embargo, frente a las coacciones de las corporaciones transnacionales sobre gobiernos neoliberales dispuestos a entregar sus soberanías, así como la fuerza de trabajo de sus poblaciones, Ticona rescata que “de un tiempo a esta parte se está manejando un concepto bastante atinado que es ‘la diplomacia de los pueblos’, bajo cuya lógica no hay fronteras sino más bien objetivos de sectores, como el campesino, o ‘Abya Yala’, otro de los elementos que se fortalece cada vez más en el sentido del ser originario. Son componentes que hoy coadyuvan en el interés mundial”.

En esa dirección, la experiencia de Bolivia es señera dado que “conceptualmente para el mundo estamos en un proceso civilizatorio con inclusión y trascendencia, llegando inclusive a imprimir nuevos paradigmas ideológicos con este tema de la descolonización, porque otrora no era nuestro lo que estábamos actuando, era impuesto. Por eso, hoy en día, manejando la ciencia política, social y económica, con todo el conocimiento en su conjunto, se está fortaleciendo a esa actitud de ser originario de un territorio. Y ése territorio está comprometido con el manejo, uso y disfrute de nuestros recursos naturales. Ahí abordamos el tema del campesino y del indígena originario, que en nuestra constitución es el rango que nos identifica”.

Lo comunitario frente a la deshumanización

“La pobreza es un mecanismo para mantener en el poder a los ricos, la oligarquía siempre va a sostener la pobreza porque eso les sirve para mantener su poder”, apunta Ticona y el eje se traslada a los contrastes entre los países:

“La ideología básica y fundamental en el tercer milenio, de aquí en adelante, es que el poder está en quién tiene la tierra. Y en el mundo, en eso el capitalismo avanzó: grandes corporaciones tienen grandes propiedades y generan empleo precarizado. El pueblo es una materia prima más para que ellos sigan acumulando riquezas. Entonces, la primera gran desventaja es que en otros países las tierras fiscales casi no existen y el campesinado está obligado a ser pongo, obrero, de esas grandes propiedades rurales. Eso es lo que está pasando en un territorio tan extenso como el de Brasil”.

De allí que el dirigente sopesara el poder del mercado y las fórmulas para resistirse a él: “Los mecanismos de servicios que emergerían del área rural están condicionados por precios convencionales que ellos mismos colocan a través del mercado de valores, como sucede con la soya o el café. Es decir que el campesinado sigue siendo esclavo y, aunque en Bolivia hemos reducido eso, al campesino no le queda otro camino que hacerle frente al enemigo con la misma actitud, con la familia y la comunidad, con un sistema de emprendimiento comunitario para jugarse en el mercado internacional, así sea de los rojos o de los verdes, de izquierda o derecha, porque aunque el mercado sí tenga ideología, de satisfacer cada vez más las necesidades del consumo, no tiene lenguaje de color político”.

Y concluyó: “Está el concepto de que invirtiendo en los pobres no se gana nada, sino que se invierte en vacas, gallinas o tierras porque eso va a redundar en rédito económico. Y surge el ‘¿Para qué me preocupo yo de la pobreza? Que sigan como puedan’. Esa es la deshumanización mercantil y nuestro proceso civilizatorio va contra eso, está rompiendo esos esquemas. Por eso a nivel de Latinoamérica estamos obligados a sistematizar y generar ciencia”.