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Opinión| 11/06/2018

La cibermentira


La cibermentira

(La Razón. Julieta Paredes).- Cuando me hice feminista, una de las cosas que me hizo reír mucho es que desde el feminismo se reivindicaba al chisme y a las chismosas. Entendía, en aquel entonces, que aquello era la rebelión de las mujeres en el contexto de una izquierda y una sociedad sorda a la palabra de las mujeres. El machismo, los y las machistas se encargaron de estigmatizar a las mujeres, en sus opiniones, comentarios y conocimientos. Ni qué decir de las informaciones que daban, todas caían bajo la etiqueta de chisme. Era, pues, la mejor manera de ningunear y despreciar todo lo que venía de la boca y del cuerpo de las mujeres. En la izquierda, por ejemplo, las opiniones políticas, el análisis de la coyuntura o las propuestas que hacíamos las mujeres eran tildados de “charlas de cocina”. Los reclamos y denuncias de todo tipo eran, para los compas, chismes. Cualquier opinión que no se sometía al formato cuadrado por las direcciones era etiquetada como irrelevante.

Otra práctica que quiero señalar es la propaganda de los fascistas y nazis. En este ámbito Joseph Goebels, la mano útil de Hitler, era —a mi entender— uno de los mejores comunicadores del siglo XX, por su habilidad de manipular, mentir y difamar, para matar, usando los medios de comunicación a su alcance. Pero hoy, en el siglo XXI, este cínico personaje se queda chiquitito ante el uso que abusivas y abusivos hacen de las redes sociales para mentir y manipular.

Uno de los instrumentos de control de masas inventado por el neoliberalismo, muy efectivo por cierto, son las redes sociales. Antes de las redes sociales la difamación, el montaje y el complot político eran locales, o bien se trataba de un hecho capaz de propagarse en la medida en que las relaciones sociales y la habilidad de manipulación eran amplificadas. Es decir, si bien la mentira cumplía con el objetivo de destruir, podía ser más o menos controlada. Hoy es incontrolable y puede producir reacciones de histeria colectiva que conducen a la hoguera, al cadalso o a la guillotina a cualquier hija o hijo de buen vecino. Hoy en día se pueden hacer montajes que hacen “creíble” a la mentira con los prejuicios de la gente.

Quiero relacionar la reivindicación que hicimos las feministas del chisme como la búsqueda de nuestra palabra con lo que hoy es una práctica de la mentira en las redes sociales, donde también participan feministas. Hoy, esta gente está sedienta de escándalos, en los que poco importa la reflexión y la verdad. La mentira, la crónica roja, el morbo satisfacen la falta de propuestas políticas y de principios éticos y revolucionarios.

¿Cómo se defendieron las y los revolucionarios de los fascistas y de los nazis? Con el cuerpo a cuerpo, con la palabra, con la acción consecuente, y con la vida. Por eso hoy se trata de encauzar a las “masas” a la cibermanipulación, para mantener a la gente en la ignorancia y con la conciencia tranquila después de haber dado un like o haber opinado sin saber un reverendo pepino de lo que se estaba hablando.