20/02/2017
Violencia contra mujeres indígenas frena empoderamiento económico

(Prensa Latina).- La violencia contra la mujer en cualesquiera de sus formas condiciona hoy las aspiraciones de empoderamiento económico de las comunidades ancestrales, destacó Myrna Cunningham, presidenta del Centro para la Autonomía y Desarrollo de Pueblos Indígenas (Cadpi).

No existe manera de avanzar mientras las mujeres de esas colectividades sean víctimas de maltratos y discriminación, declaró la experta a Prensa Latina, tras presentar las recomendaciones del foro regional de América Latina y el Caribe al tercer encuentro global sobre pueblos indígenas realizado en esta capital.

Para estas comunidades, el empoderamiento está asociado al ejercicio de definir su propio modelo de desarrollo, que a juicio de la especialista quiere decir ser respetuoso del medio ambiente, garantizar un balance entre los distintos elementos de la naturaleza, los seres humanos, las plantas, los animales; la espiritualidad con la cultura y la construcción de relaciones sociales equitativas.

Esas características, definió, están basadas en su propia manera de gobernanza y en la construcción de vínculos respetuosos entre el gobierno y el estado, aunque -acotó- para las mujeres indígenas el tema de la lucha contra la violencia es esencial.

No podemos entender el empoderamiento económico, explicó, si estamos sufriendo cualquier tipo de violencia. Por lo tanto, el problema debe abordarse desde un enfoque integral y no sectorial, precisó la directora del Cadpi, organización social dedicada a la investigación y estudios de aspectos relacionados con los pueblos indígenas.

Obviamente -apuntó- se prioriza el tema mujeres en todos los análisis y propuestas porque los datos estadísticos en cada uno de los países reflejan que ellas son las más vulnerables, registran las tasas más altas de desnutrición, de mortalidad materna y analfabetismo.

Cunningham recordó que en los territorios habitados por los pueblos originarios se encuentra el 80 por ciento de la biodiversidad mundial, de la cual son sus custodios naturales.

A pesar de que vivimos -argumentó- en las zonas más ricas de los países, tenemos los mayores niveles de empobrecimiento, a los cuales, en las mujeres, se suma la discriminación desde una perspectiva de género.

En nuestro caso, señaló, hay una intercepción por ser mujer, indígena, vivir en áreas rurales, hablar un idioma diferente e incluso hasta cuando existe discapacidad, por tanto creemos, destacó la experta, que el problema debe encararse de una manera más abarcadora que permita enfrentar todas las formas de opresión.

Respecto a las jóvenes, argumentó, existe contra ellas una discriminación mayor porque tienen además sobre sí el reto de mantener los estilos de vida tradicionales de los pueblos indígenas, ante otros modelos de desarrollo.

Por tal motivo, en los diferentes niveles de análisis, se insiste en tratar esos factores estructurales para que cuantos recursos se asignen y negocien los gobiernos con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) lleguen a nuestros pueblos y beneficien a los más vulnerables, manifestó.